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No todos aprendemos igual: descubre cuál es tu estilo de aprendizaje

No todos aprendemos igual: descubre cuál es tu estilo de aprendizaje

No busques solamente cómo te gusta estudiar; descubre qué te ayuda a aprender / Foto: Imagen generada con IA

Visual, auditivo, kinestésico o de lectoescritura: conocer los diferentes estilos de aprendizaje puede ayudarte a identificar qué recursos prefieres al estudiar. Descubre sus características y qué estrategias puedes probar para aprender mejor

Sole Serrano
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16 de septiembre 2026

¿Necesitas hacer un esquema para entender un tema?, ¿recuerdas fácilmente lo que escuchaste en clase?, ¿prefieres practicar hasta dominar un procedimiento? Hablar de estilos de aprendizaje puede ser una manera sencilla de identificar qué recursos solemos preferir cuando estudiamos.

Probablemente alguna vez hayas escuchado que existen personas visuales, auditivas o kinestésicas. A estas categorías también suele sumarse la lectoescritura, especialmente en modelos como VARK.

Sin embargo, hay una precisión importante: estos estilos no deberían entenderse como etiquetas permanentes. La evidencia disponible no demuestra que enseñar exclusivamente de acuerdo con un supuesto estilo individual produzca mejores resultados académicos.

Esto significa que puedes tener preferencias, pero no estás limitado a ellas. Quizá los esquemas te ayuden con la historia, mientras que para aprender inglés necesites escuchar, hablar, leer y escribir. Entonces, ¿para qué conocerlos? Pueden servir como punto de partida para explorar diferentes recursos, identificar cuáles facilitan determinadas tareas y ampliar tu manera de estudiar.

¿Cuáles son los tipos de aprendizaje?

Aprendizaje visual: cuando necesitas ver la información

Las personas con una preferencia de aprendizaje visual suelen sentirse cómodas cuando la información se presenta mediante diagramas, esquemas, gráficos, mapas conceptuales, líneas del tiempo y relaciones espaciales.

Por ejemplo, quizá una explicación larga sobre las etapas de un proceso te resulte confusa, pero cuando conviertes esa información en un diagrama puedes comprender con mayor facilidad cómo se relacionan sus partes.

Una manera de reconocer esta preferencia es observar qué haces espontáneamente cuando intentas comprender algo. Si conviertes tus apuntes en esquemas, dibujas conexiones entre conceptos o necesitas organizar visualmente la información para entenderla, probablemente este tipo de recursos te resulte útil.

Esto no significa que simplemente mirar imágenes sea suficiente para aprender. El objetivo es utilizar los elementos visuales para organizar, jerarquizar y relacionar información.

Puedes convertir capítulos extensos en mapas conceptuales, elaborar líneas del tiempo, construir tablas comparativas o dibujar procesos paso a paso. Después de estudiar, guarda el material e intenta reconstruir el esquema desde cero. Si puedes hacerlo sin consultar tus apuntes, tendrás una mejor idea de cuánto recuerdas realmente y qué partes necesitas repasar.

Aprendizaje auditivo: cuando escuchar y explicar te ayuda

La preferencia de aprendizaje auditivo suele asociarse con personas que encuentran útil escuchar explicaciones, conversar sobre un tema o verbalizar aquello que están estudiando.

Quizá recuerdes con facilidad algo que explicó un profesor durante una clase, aunque posteriormente te cueste encontrar esa misma información en tus apuntes. También puedes descubrir que entiendes mejor un concepto después de explicárselo a otra persona.

Si acostumbras repetir información en voz alta, participar en discusiones, escuchar grabaciones o buscar videos en los que alguien explique un concepto, los recursos auditivos pueden ocupar un lugar importante en tus sesiones de estudio.

Esta preferencia también puede hacerse evidente cuando estudias acompañado. Conversar sobre el contenido, escuchar diferentes explicaciones o debatir una idea puede ayudarte a organizar mejor lo que sabes.

Después de leer un tema, intenta explicarlo en voz alta sin consultar tus notas. También puedes grabarte haciendo un resumen y escucharlo posteriormente para identificar información que hayas omitido o conceptos que todavía no tengas claros.

Otra alternativa es estudiar mediante preguntas y respuestas. Pide a alguien que te pregunte sobre el contenido o formula tú mismo las preguntas y responde verbalmente.nSi durante la explicación te detienes constantemente porque no recuerdas un concepto o necesitas regresar a tus apuntes, acabas de encontrar una parte que necesitas repasar.

Aprendizaje kinestésico: entender haciendo

La preferencia de aprendizaje kinestésico está relacionada con la participación activa, la práctica y la experimentación. Para algunas personas, observar cómo se realiza algo no es suficiente: necesitan intentarlo.

Esta característica puede resultar especialmente evidente en actividades que requieren procedimientos. Puedes leer varias veces cómo resolver un problema y comprender verdaderamente el proceso cuando finalmente lo haces por tu cuenta.

Si necesitas practicar para sentir que realmente dominaste un tema, este tipo de recursos puede resultarte especialmente útil. Los ejemplos pueden ayudarte a comenzar, pero es al resolver una actividad sin apoyo cuando descubres si realmente comprendiste.

Experimentos, simulaciones, ejercicios y actividades que permitan aplicar lo aprendido son algunas de las herramientas que puedes incorporar.

Si estudias matemáticas, resuelve problemas. Si aprendes un idioma, úsalo en conversaciones. Si estudias programación, escribe código. Si estás aprendiendo un procedimiento, intenta reproducir sus pasos.

Lo importante es no confundir actividad con aprendizaje. Hacer algo muchas veces no garantiza que lo estés haciendo correctamente, así que revisa tus resultados, identifica errores y vuelve a intentarlo.

Aprendizaje de lectoescritura: cuando las palabras son tu principal herramienta

La preferencia de lectoescritura suele relacionarse con estudiantes que disfrutan procesar información mediante textos, apuntes, listas, definiciones y explicaciones escritas.

Si cuando estudias necesitas tomar notas, resumir un capítulo o escribir con tus propias palabras aquello que acabas de leer, quizá estos recursos tengan un papel importante en tu manera de aprender.

También puedes reconocer esta preferencia si acostumbras elaborar listas, consultar libros, organizar definiciones, escribir resúmenes o convertir una explicación que escuchaste durante la clase en apuntes propios.

El riesgo aparece cuando estudiar se convierte únicamente en copiar. Pasar un texto del libro al cuaderno palabra por palabra puede mantenerte ocupado durante mucho tiempo sin obligarte necesariamente a comprender o recuperar la información.

Una alternativa es leer una sección, cerrar el material y escribir un resumen con tus propias palabras. También puedes transformar conceptos importantes en preguntas, elaborar fichas o crear pequeñas definiciones sin copiar directamente del libro. Otra estrategia consiste en escribir todo lo que recuerdes sobre un tema en una hoja en blanco y después compararlo con tus apuntes. Así podrás identificar qué información dominas y qué necesitas volver a estudiar.

Entonces, ¿cuál es tu estilo de aprendizaje?

Aquí está lo más importante: no necesariamente tienes uno solo. Puedes sentir una preferencia por determinados recursos, pero eso no significa que tu cerebro solamente pueda aprender de esa manera. Tampoco necesitas realizar un test y organizar toda tu vida académica alrededor del resultado.

Una forma más útil de descubrir qué te funciona es experimentar con diferentes herramientas. Elige un tema y estúdialo utilizando dos o tres estrategias. Puedes crear primero un esquema, después explicarlo en voz alta y finalmente escribir lo que recuerdas sin consultar tus materiales.

Al terminar, hazte preguntas o intenta resolver un ejercicio relacionado. La estrategia que se sintió más cómoda no necesariamente será la que produjo mayor aprendizaje.

La materia también determina cómo necesitas estudiar

No todos los contenidos exigen lo mismo. Para aprender anatomía pueden ayudarte los recursos visuales, pero también necesitarás recordar nombres y relaciones. Para dominar matemáticas tendrás que resolver problemas, aunque previamente hayas visto una explicación.

En un idioma probablemente necesitarás escuchar, hablar, leer y escribir. Mientras que en historia puedes combinar textos, líneas del tiempo, mapas y explicaciones.

Por eso, conocer los estilos de aprendizaje puede servir para descubrir preferencias, pero el objetivo no debería ser encerrarte en una categoría.

Construye una caja de herramientas: mira, escucha, escribe, explica, practica y después comprueba qué puedes recordar o hacer sin ayuda. Al final, aprender mejor no consiste en descubrir una etiqueta que te defina, sino en tener suficientes estrategias para elegir la adecuada según lo que necesitas aprender.

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