La falta de tiempo, la acumulación de tareas o simplemente dejar todo para el último momento hacen que muchos estudiantes recurran a esta estrategia con la esperanza de obtener mejores resultados.
Aunque dedicar más horas al estudio puede parecer una ventaja, a veces sacrificar el sueño puede afectar el rendimiento.
El papel del cerebro durante el sueño
Durante el descanso, el cerebro procesa y consolida la información aprendida a lo largo del día, por lo que dormir es una parte importante del aprendizaje.
Cuando una persona pasa la noche estudiando, es más probable que al día siguiente presente dificultades para concentrarse, recordar información o resolver problemas con rapidez.
Además, el cansancio puede aumentar el estrés y la ansiedad durante el examen.
Esto no significa que un repaso de última hora sea inútil.
Revisar conceptos clave antes de dormir o unas horas antes del examen puede ser útil, siempre que forme parte de un estudio realizado con anticipación y no sustituya el descanso.
La planificación
Los especialistas recomiendan distribuir el estudio en varios días, hacer pausas para evitar la saturación de información y dormir entre siete y nueve horas la noche previa al examen.
Estas prácticas favorecen una mejor retención de los conocimientos y ayudan a llegar con mayor claridad mental.
Más que estudiar toda la noche, la clave está en la planificación.
Organizar el tiempo y respetar las horas de descanso suele ofrecer mejores resultados que intentar aprender todo en unas cuantas horas antes del examen.
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