Cuando cambia el clima, es común atribuir la tos o los estornudos al frío de la mañana o a una lluvia inesperada. Sin embargo, los resfriados son infecciones causadas por virus, por lo que una variación de temperatura, por sí sola, no produce el contagio.
La relación existe, aunque es indirecta, porque las condiciones ambientales, la circulación de virus y nuestros hábitos pueden coincidir y facilitar las infecciones respiratorias. Entenderlo ayuda a elegir medidas de prevención que van más allá de ponerse un suéter.
Durante los días fríos solemos pasar más tiempo en espacios cerrados y con poca ventilación. Si una persona está infectada, compartir ese aire facilita la exposición a partículas respiratorias, especialmente cuando hay mucha gente.
Además, el aire frío y seco puede resecar las vías nasales y hacerlas más vulnerables a las infecciones. Esto no significa que salir con el cabello mojado provoque un resfriado ni que abrigarse elimine el riesgo.
La temporada también influye, ya que algunos virus respiratorios circulan más durante el invierno, aunque es posible resfriarse en cualquier época del año. Por eso, un día soleado tampoco garantiza que no haya contagios.
Conviene recordar que no todo escurrimiento nasal es una infección. Las alergias y la irritación de la nariz pueden causar molestias similares, así que, si los síntomas se repiten, una valoración médica permite identificar su origen y evitar tratamientos innecesarios.
¿Cómo reducir el riesgo de enfermarte?
Ventila los espacios
Abre puertas o ventanas cuando sea seguro y la calidad del aire exterior lo permita. También puedes priorizar reuniones al aire libre y evitar permanecer en lugares concurridos con mala ventilación.
Cuida la higiene de tus manos
Lávalas con agua y jabón, especialmente después de sonarte la nariz y antes de comer. Evita tocarte los ojos, la nariz y la boca con las manos sucias; al toser, cubre tu rostro con el codo.
Revisa tus vacunas
Consulta en tu unidad de salud cuáles te corresponden, incluidas las de influenza y COVID-19, según tu edad y tus condiciones de salud. Estas vacunas protegen contra enfermedades específicas, aunque no previenen todos los resfriados.
Usa cubrebocas cuando aporte protección
Uno bien ajustado puede reducir la exposición en espacios cerrados y concurridos, especialmente si hay muchos contagios o convives con personas vulnerables. Recuerda que es una medida adicional a la ventilación.
Abrígate según el ambiente
Vestirte por capas permite adaptarte a las variaciones de temperatura y mantenerte cómodo. Acompaña este cuidado con descanso suficiente, alimentación variada e hidratación, sin atribuirles una protección absoluta frente a los virus.
Si tienes síntomas, cuida también a los demás
Quédate en casa mientras estés enfermo y evita el contacto cercano con personas vulnerables. No tomes antibióticos por tu cuenta, ya que no sirven para tratar los virus del resfriado.
Busca atención médica si presentas dificultad para respirar o dolor persistente en el pecho. Consulta también si los síntomas empeoran o tienes factores de riesgo, pues algunas infecciones requieren tratamiento temprano.
Para la próxima mañana fría, recuerda que prevenir implica cuidar el aire que compartes, reconocer los síntomas y actuar a tiempo, además de elegir la ropa más adecuada.
Cuidar tu salud comienza con información que puedas llevar a la práctica, desde reconocer síntomas hasta revisar tus hábitos cotidianos. Descarga la Guía de Salud y Bienestar VSD! y dedica un momento a pensar cómo puedes cuidar de ti y de quienes te rodean durante cada temporada.