Leila Guerriero devela un testimonio imprescindible en ‘La llamada’.
“El camino del escritor es un camino lento. Empieza por el reporteo y después es una larga paciencia. La escritura también es producto de la paciencia»
La periodista argentina Leila Guerriero narra la historia de Silvia Labayru en su más reciente libro, ‘La llamada’. Sobre la forma en que fue descubriendo esta historia en particular y, en general, sobre sus procesos creativos, habló en entrevista para VSD!
“Yo escribí el libro en un momento en el que la llegada a la presidencia de Javier Milei no era ni siquiera una posibilidad. Yo entregué el libro en marzo de 2023 y la elección primaria que ganó Milei fue en el mes de agosto. Milei no era parte de la conversación con la protagonista del libro. Tampoco formaba parte de nuestro horizonte. El libro aparece en este momento de manera casual.
“No soy alguien que pueda decir cuál es la importancia de un libro justamente escrito por mí porque me da mucho pudor. En todo caso lo que el libro muestra o pone en evidencia es que hay cosas que pasaron que fueron terribles. Violaciones. torturas, secuestros, robos de niños. Delitos aberrantes y delitos comunes, digamos, como comunes de delincuentes. Comunes me refiero como violar a una persona. O sea, ¿en nombre de qué lucha? ¿contra qué riesgo a un país se propone un grupo de gente violar mujeres? ¿Eso es para luchar contra qué?. Eso es un delito aberrante de un de una persona, de un delincuente asqueroso. Entonces, me parece, en todo caso, que el libro en este momento de negacionismo o de reivindicación te diría yo, del accionar de los militares, de la dictadura, viene, de alguna manera, a recordar -no solo en la figura de la protagonista, sino de otras personas que estuvieron también, sobre todo mujeres, secuestradas con ella- lo que estas personas hicieron. De alguna manera creo que los hechos, el testimonio vivo de alguien que pasó por todas esas aberraciones, es más potente que cualquier justificación que se quiera hacer desde un gobierno o desde ciudadanos comunes que apoyan a ese gobierno que justifique diciendo que hubo una guerra entre pares.
“Bueno, el trabajo de reportero que uno hace siempre sobre todo cuando está haciendo un libro. Creo que fueron son un año y siete meses de entrevistas. Yo empecé en abril de 2021 y con las entrevistas terminé en noviembre de 2022, más un montón de consultas por contacto telefónico, de mail, mientras estaba escribiendo el libro, de chequear cosas y eso. Durante todo ese trabajo de campo de entrevistar a la persona protagonista del libro también te ocupas de rodear su testimonio con el de personas que la conozcan actualmente o que la hayan conocido. Entonces, la lógica del reporteo fue solo contactar gente que hubiera tenido algún tipo de relaciones incidencia en la vida de Silvia (Labayru).
“El camino del escritor es un camino lento. Empieza por el reporteo y después es una larga paciencia. La escritura también es producto de la paciencia. Empieza cuando sabes que tenés todas las preguntas que tenías respecto de una situación bastante respondida. O sea, uno nunca puede llegar a conocer exactamente al otro, pero tenés como la claridad de haber tomado la esencia del otro. Habrá siempre lugares que no llegaste y eso, pero lo fundamental lo tenés. Cuando sabes que tenés eso, ese es el momento escribir.
“Lo que pasa es que son cosas que surgieron de distinta manera. Uno desde fuera lo puede ver como de una manera y yo sabiendo cuál fue la génesis de esos libros lo veo completamente distinto. Creo que ‘Teoría la gravedad’, por ejemplo, es un libro que surgió a partir de una idea que yo ya tenía. Terminó de florecer cuando hablé con con Luis Solano, el editor de Libros del Asteroide. Me dijo ‘oye, ¿con tu columna de El País, no has tenido nunca la idea de hacer un libro?’. Yo dije sí. Pero hasta ese momento no había muchas columnas. No eran suficientes para escoger. Un par de años después volvimos sobre la idea y se hizo el libro.
“‘La otra guerra’ en realidad es una versión un poco más extendida de un texto que yo hice para El País Semanal sobre sobre ese tema. Cuando lo comenté con mi editora de Anagrama me dijo ‘oye, ¿por qué no se publica esto en una colección que tenemos que se llama Cuadernos?’. Me pareció muy buena idea en realidad. En realidad, el libro anterior a este es ‘Opus Gelber (Retrato de un pianista)’. Es un libro de 2019. El libro anterior es de 2013. Es una historia sencilla, una historia de un festival de Malambo y el anterior es del año 2004. O sea que son como 10 años entre el primero y el segundo publicando antología.
“No podría decirte nada en general de ese último lustro de producción. Sí algunas cosas en particular como el hecho de que, yo creo, que la escritura de las columnas en El país adquirió un estilo. Una respiración distinta, más incendiaria, más encendida, que la que yo estaba utilizando en libros como ‘Una historia sencilla’ o como ‘Los suicidas del fin del mundo’. Ahí era todo mucho más este astringente, digamos. Lo que también te podría decir es que el hecho de haber escrito un libro sobre el pianista que protagoniza Bruno Gelber de alguna manera, quizás, sirvió de señal a mí misma de que sí se puede escribir un libro que sea un clarísimo perfil sobre una sola persona. Eso es lo que es el libro sobre Silvia Labayru. Es un libro sobre una persona. No es un libro sobre un país o sobre un episodio sobre un país, aunque también lo sea.
“Mira es muy raro porque todos los libros que terminaron siendo tales, absolutamente todos los planteé ante mí misma como un artículo periodístico largo.
“‘Los suicidas del fin del mundo’ era un artículo para la revista Rolling Stone Argentina. Un día cuando le conté a uno de mis editores más queridos, Elvio Gandolfo, la historia que había terminado de reportear, me dijo: ‘ahí tenés un libro. Con mucho menos que eso Truman Capote hizo ‘A sangre fría’’. Él me avisó a mí que tenía un libro.
“El segundo libro ‘Una historia sencilla’ fue un libro que yo me planteé a mí misma sin proponerlo a un editor. Para entonces me manejaba así como una crónica del festival que se iba a poder publicar, probablemente, en Gatopardo.
“Una vez que estuve allí y pasó lo que pasó vi a una persona a bailar sobre el escenario. Decidí que la historia iba a ser de él y a medida que lo iba siguiendo ahí empecé a tener la sensación de que esto era un hermoso libro cortito. No porque yo pudiera escribirlo hermosamente, sino porque me parece una historia hermosa para contarse en un libro pequeño.
“‘Opus Gelber’ fue una propuesta que yo hice para una revista chilena. La revista ‘Sábado’ del diario ‘El Mercurio’ en ese momento. Cando descubrí lo que había en el mundo de ese hombre, dije ‘esto no puede ser contado en una revista, acá hay un libro y eso fue muy rápido’ y con Silvia Labayru fue lo mismo. La contacté con la sincera y honesta intención de hacer un artículo y después proponerlo a El País Semanal donde yo público. A los pocos meses, yo te diría que dos meses de entrevistarla, me di cuenta que esa historia era una historia demasiado grande, demasiado compleja para la cual iba a necesitar un lugar y un espacio para pintar las sutilezas. Además de que la historia era riquísima.
“Le propuse a Silvia que en vez de hacer un artículo para ‘El país’ yo hiciera un libro. Ella estuvo muy de acuerdo. Me miró un poco picara y me dijo ‘bueno, un poco ya lo había pensado’ como diciendo ‘Llevamos diez entrevistas de cinco horas cada uno, ¿a dónde vas a meter todo eso?”
“Entonces, mirá, mi respuesta es que parece que soy bastante torpe para darme cuenta donde hay un libro. Que me doy cuenta recién cuando estoy metida en la historia. No todas las historias me hacen despertar ‘acá hay un libro’; no, no todas. Hay que tener mucha paciencia para un libro. Aparte, la historia tiene que tener una entidad que no cualquier historia tiene.
“Ahora, si me preguntás, ¿cuál es esa entidad? No sé. Tiene que ser muy intensa, tiene que tener mucho peso, tocar una faceta universal muy grande, trascender la coyuntura. Tiene que reunir una cantidad de condiciones que medio las incluís cuando lo ves.
Sí, pero sin obsesiones, porque yo no soy una persona obsesiva con nada. La obsesión, para mí, es una cosa espantosa que no te deja pensar en nada más y yo soy una persona muy avocada. Pero, también, como hago muchas cosas a la vez, sé cómo salirme de eso y entrar en otra cosa. No es que esté entrevistando para un libro a la gente y luego venga a mi casa y siga hablando de eso. No soy esa persona, me ocupo, me preocupo, investigo, pero para mí la obsesión es una cosa enfermiza, no te deja vivir. Distinto es cuando estoy escribiendo, cuando estoy escribiendo el mundo desaparece, solo pienso en eso.
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