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¿La primera vez siempre duele? 10 mitos que pueden afectar tu salud sexual

¿La primera vez siempre duele? 10 mitos que pueden afectar tu salud sexual

La primera experiencia sexual está rodeada de dudas, expectativas y mitos que vale la pena cuestionar. / Foto: Imagen creada con IA

¿Siempre duele? ¿Tiene que haber sangrado? ¿La primera vez no puedes quedar embarazada? Ponemos bajo la lupa 10 creencias sobre el primer encuentro sexual

Sole Serrano
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4 de septiembre 2026

Cuando se trata de la primera experiencia sexual, sobran historias, consejos entre amigos y creencias que han pasado de una generación a otra. El problema aparece cuando aquello que escuchamos tantas veces termina convirtiéndose en una supuesta verdad

Dolor, sangrado, embarazo y hasta cambios en el cuerpo rodean a la primera experiencia sexual. ¿Qué es verdad y qué no?

“La primera vez siempre duele”, “si no sangras, entonces no eras virgen”, “la primera vez no puedes quedar embarazada”…

Y no hablamos únicamente de expectativas. Creer algunos de estos mitos puede influir en decisiones relacionadas con el uso de anticonceptivos, la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS), el consentimiento y hasta la manera en la que interpretamos lo que sucede con nuestro cuerpo.

En el marco del Día Mundial de la Salud Sexual, que se conmemora cada 4 de septiembre, ponemos bajo la lupa 10 de las creencias más comunes sobre “la primera vez”. ¿Cuántas de estas habías escuchado?

10 mitos de la”primera vez” que pueden afectar tu salud sexual

1. La primera vez siempre duele

No, el dolor no es un requisito para que una primera experiencia sexual sea “normal”.

En una relación sexual con penetración vaginal puede existir cierta incomodidad, especialmente ante factores como nervios, tensión o falta de lubricación. Pero eso no significa que todas las personas experimenten dolor.

Tampoco hay que asumir que aguantar forma parte de la experiencia. Si algo duele, se puede parar. Y cuando el dolor es intenso o se presenta de manera recurrente durante las relaciones sexuales, lo recomendable es consultar a un profesional de la salud.

La primera vez puede sentirse diferente, extraña, cómoda, incómoda o incluso no sentirse como esperábamos. No existe una única experiencia que todas las personas deban vivir.

2. Vas a sangrar

Esta es probablemente una de las creencias más arraigadas alrededor de la virginidad.

Algunas personas pueden presentar un ligero sangrado después de su primera relación sexual con penetración vaginal y otras no. Ambas situaciones pueden ocurrir.

El himen tampoco funciona como un “sello” que necesariamente se rompe durante la primera relación sexual. Su forma y elasticidad varían entre personas.

Por eso, la presencia o ausencia de sangre no demuestra si una persona ha tenido relaciones sexuales anteriormente.

3. No hay riesgo de embarazo porque es la primera

Primera, segunda o décima: que sea la primera experiencia sexual no evita un embarazo.

Si existe una relación sexual vaginal en la que los espermatozoides pueden entrar al aparato reproductor, existe posibilidad de embarazo. Por eso, pensar “como es mi primera vez, no pasa nada” puede llevar a tener relaciones sin un método anticonceptivo.

Si se quiere prevenir un embarazo, la protección importa desde la primera relación sexual.

4. Si no eyacula, no hay riesgo de embarazo

El famoso “yo controlo” no es una garantía. El coito interrumpido consiste en retirar el pene de la vagina antes de la eyaculación. Aunque puede reducir la posibilidad de embarazo frente a no utilizar ningún método, depende mucho de hacerlo correctamente cada vez y es menos eficaz en el uso cotidiano que otros métodos anticonceptivos.

Además, el líquido preeyaculatorio puede entrar en contacto con espermatozoides en determinadas circunstancias. Y hay otra diferencia importante: retirarse antes de eyacular no protege frente a las infecciones de transmisión sexual.

5. Usar dos condones protege el doble”

En este caso, dos no son mejor que uno. Utilizar dos condones al mismo tiempo puede generar fricción entre ambos y favorecer que se rompan o se deslicen. Lo adecuado es utilizar un solo condón correctamente y durante toda la relación sexual para la que está indicado.

También hay que revisar que el empaque se encuentre en buen estado, verificar la fecha de caducidad y evitar productos que puedan deteriorar el material del preservativo.

La protección no depende de usar más, sino de usarlo bien.

6. Si los dos son vírgenes, no puede existir una ITS

NO NECESARIAMENTE. Aquí encontramos un problema con la propia idea de “virginidad”: no existe una definición médica universal que permita saber qué experiencias sexuales ha tenido una persona.

Alguien puede considerar que nunca ha “tenido sexo” porque nunca ha tenido penetración vaginal, pero haber tenido otro tipo de contacto sexual.

Algunas infecciones pueden transmitirse mediante diferentes prácticas sexuales y otras, como el herpes, también pueden propagarse por contacto directo de piel o mucosas en determinadas circunstancias.

Más que confiar en etiquetas como “virgen”, lo importante es conocer las prácticas que pueden implicar riesgo y utilizar las medidas de protección adecuadas.

7. La primera vez tiene que ser perfecta

Aquí el problema no es médico, sino la expectativa. Películas, series, redes sociales y hasta las historias de otras personas pueden hacernos imaginar la primera experiencia sexual como un momento que necesariamente debe ser romántico, espontáneo y espectacular. La realidad puede ser bastante menos cinematográfica.

Puede haber nervios, risas, silencios, preguntas, momentos incómodos y cosas que simplemente no salen como imaginábamos.

No existe una obligación de saber exactamente qué hacer. La comunicación puede ser mucho más importante que intentar cumplir con una idea de cómo “debería” ser ese momento.

8. Si ya dijiste que sí, tienes que continuar

Un “sí” al principio no obliga a continuar. El consentimiento debe mantenerse durante la experiencia y cualquiera de las personas involucradas puede cambiar de opinión.

Aceptar besar a alguien tampoco significa aceptar automáticamente otra práctica. De la misma manera, haber hecho algo anteriormente no implica querer repetirlo.

Preguntar, escuchar y respetar un “no”, un “ya no quiero” o cualquier cambio de decisión forma parte de una experiencia sexual saludable.

Y si alguien cambia de opinión, se detiene. Así de sencillo.

9. Después de la primera vez, el cuerpo cambia y los demás pueden notarlo

No, nadie debería poder mirarte y saber que tuviste sexo.

La primera relación sexual no provoca cambios físicos externos que permitan identificar que una persona dejó de ser “virgen”.

No cambia automáticamente la forma de caminar, el cuerpo femenino no adquiere una apariencia determinada y una vagina no queda permanentemente “más grande” después de tener relaciones sexuales.

Estas creencias forman parte de muchos de los mitos construidos alrededor de la virginidad, pero no funcionan como indicadores médicos de actividad sexual.

10. La primera vez define cómo será tu vida sexual

Una experiencia no escribe toda la historia. Que la primera vez haya sido incómoda, poco placentera, diferente a lo esperado o simplemente “equis” no significa que las siguientes experiencias serán iguales.

Conocer qué nos gusta y qué no, aprender a comunicarlo, establecer límites y sentirnos cómodos con otra persona también puede tomar tiempo.

La salud sexual no consiste en cumplir con una experiencia perfecta, sino en poder vivir la sexualidad de una manera informada, segura, respetuosa y libre de presiones.

Entonces, ¿cómo debería ser “la primera vez”?

Tal vez esta sea la pregunta equivocada. No existe un manual que establezca una edad, momento o escenario perfecto. Tampoco hay una experiencia idéntica para todas las personas. Lo que sí debería existir es consentimiento, información y la posibilidad de tomar decisiones sin presión.

Si existe posibilidad de embarazo, conocer y utilizar métodos anticonceptivos permite tomar decisiones informadas. Y si existe riesgo de una ITS, es importante conocer qué métodos de barrera pueden reducirlo.

También vale hablar antes: ¿queremos hacerlo?, ¿qué límites tenemos?, ¿qué método vamos a utilizar?, ¿qué pasa si alguno cambia de opinión?. Puede sonar menos espontáneo que en las películas, pero hablar también es parte del sexo.

La primera vez no tiene que demostrar nada, quizá uno de los mitos más grandes sea pensar que existe una especie de examen que debemos aprobar.

No tienes que sangrar para demostrar que era tu primera vez, no tienes que soportar dolor, no tienes que saber exactamente qué hacer y haber comenzado tampoco significa que no puedas cambiar de opinión.

En este Día Mundial de la Salud Sexual, vale la pena cuestionar aquello que alguna vez aprendimos sobre “la primera vez”. Porque entre historias de amigos, búsquedas en internet y consejos que nadie pidió, todavía sobreviven muchos mitos.

Y cuando hablamos de sexo, tener información confiable también es una forma de cuidarnos.

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